Aunque queramos negarlo y hacer de cuenta que nunca existió, la cuarentena tuvo lugar en la vida de todes y fue aquí donde se pusieron en manifiesto nuestras voces internas: cuando el silencio se hizo ensordecedor y no quedó otra que escucharnos.
Después de 100 días de cuarentena abrí un cuaderno que guardo coleccionando sensaciones que amo y que voy anotando con el pasar del tiempo. Después de tantos días de encierro noté que estaba muerta en vida, o al menos muy lejos de esas sensaciones que amaba y disfrutaba sentir. Pero lejos de hacerme daño, me detuve a pensar en todo lo que había ganado en este tiempo en cuarentena. Encerrades? O dejando salir todo lo que aflorara de nuestro cuerpo? Cambios físicos, anímicos, mentales, emocionales.
Después de ir observando como pasaba el tiempo en mi piel, ojeras, como cambiaba mi cuerpo y el deferioro de mis movimientos, el ver pasar los días siempre entre las mismas paredes, sofocada de falta de voluntad y pensamientos con forma de resorte, toqué fondo y me impulsé a dejar el retrato de mi paso por este momento que nos afectó, de distintas formas, a todes.
Los noticieros abombando de noticias, intoxicando los cerebros, sobre-exceso de (des)información. Lo que no te dicen es cómo sobrevivir a los pensamientos, miedos, preocupaciones, incertidumbres, estrés, ansiedad, y otros sentimientos que genera el encierro, el distanciamiento con tus relativos y tus pares, la lejanía de la rutina y la imposibilidad de proyectar.
Creo que todes lo vivimos de diferentes maneras. Desde el privilegio hasta la ignorancia. Mi deseo más profundo es que se hayan encontrado, y se conserven hasta el final. Y aprender a respetar tiempos y espacios de les demás.
Terminará? No imagino la vida más allá de esto, volviendo a la normalidad. Pero me llevo lo mejor de mi: haberme encontrado.
Estoy acá. Me conozco, y me autopercibo.
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